lunes, 1 de septiembre de 2014

6ra Sesión del Taller de Apologética 2014

lunes, 11 de agosto de 2014

Lo absurdo de la vida sin Dios


William Lane Craig

W. L. Craig
La necesidad de Dios y la inmortalidad
El Hombre, escribe Loren Eiseley, es el Huérfano Cósmico. Es la única criatura en el universo que pregunta, "¿Por qué?” Otros animales tienen su instinto para guiarlos, pero el hombre ha aprendido a hacer preguntas. "¿Quién soy?" pregunta el ser humano. "¿Por qué estoy aquí? ¿A dónde voy?”. Desde la Ilustración, cuando se despojó de los grilletes de la religión, el hombre ha intentado contestar estas preguntas sin hacer referencia a Dios. Pero las respuestas que ha hallado no han sido estimulantes, si no oscuras y terribles. "Eres un subproducto accidental de la naturaleza, el resultado de la materia más el tiempo y el azar. No hay ninguna razón para tu existencia. Todo lo que enfrentas es la muerte."

El hombre moderno pensó que al librarse de Dios, se había librado de todo aquello que lo reprimía y ahogaba. Sin embargo, descubrió que al matar a Dios, se había dado muerte a sí mismo. Porque si no hay Dios, la vida de hombre se vuelve absurda.

Si Dios no existe, tanto el hombre como el universo están inevitablemente condenados a la muerte. El ser humano, como todos los organismos biológicos, debe morir. Sin la esperanza de la inmortalidad, la vida de hombre lleva sólo a la tumba. Su vida no es sino una chispa en la oscuridad infinita, una chispa que nace, parpadea, y muere para siempre. Por consiguiente, todos debemos enfrentar lo que teólogo Paul Tillich ha llamado "la amenaza del no ser". Porque aunque ahora sé que existo, que estoy vivo, sé también que algún día ya no existiré, que ya no seré más, que voy a morir. Este pensamiento es pasmoso y amenazador: ¡Pensar que la persona que llamo "yo" dejará de existir, que no será más!

Recuerdo vivamente la primera vez que mi padre me dijo que algún día yo moriría. De algún modo, como niño, el pensamiento simplemente nunca había cruzado por mi mente. Cuando me lo dijo, quedé lleno de miedo y una insoportable tristeza. Y aunque intentó repetidamente asegurarme que esto ocurriría en mucho tiempo más, eso no parecía importar. Fuese antes o después, el hecho innegable era que yo moriría y ya no sería más, y esta idea me resultó abrumadora. Eventualmente, como todos, llegué a simplemente a aceptarlo. Todos aprendemos a vivir con lo inevitable. Pero esa percepción infantil sigue siendo cierta. Como el existencialista francés Jean-Paul Sartre observó, “Algunas horas o algunos años no hacen diferencia alguna una vez que se ha perdido la eternidad”.

Ya sea que llegué antes o después, la perspectiva de la muerte y la amenaza del no ser es un horror terrible. Pero una vez conocí un estudiante quién no sentía esta amenaza. Decía que había crecido en una granja y estaba acostumbrado a ver los animales nacer y morir. La muerte era para él simplemente algo natural, parte de la vida, por así decirlo. Yo estaba intrigado por lo diferente que eran nuestras perspectivas acerca de la muerte y encontraba difícil entender por qué él no sentía la amenaza del no ser. Después de varios años, pienso que encontré mi respuesta leyendo a Sartre. Sartre observó que la muerte no es amenazante en tanto la veamos como la muerte del otro, cuando la vemos en tercera persona, por así decirlo. Es sólo es cuando la internalizamos y la vemos en primera persona ("mi muerte: Yo voy morir") que la amenaza del no ser se vuelve real. Como indica Sartre, muchas personas nunca asumen esta perspectiva de primera persona en su vida; uno puede mirar incluso su propia muerte desde un punto de vista de tercera persona, como si fuera la muerte de otro o incluso de un animal, como hizo mi amigo. Pero el verdadero significado existencial de mi muerte sólo puede apreciarse de la perspectiva de primera persona, cuando comprendo que yo voy morir y dejaré de existir para siempre. Mi vida es simplemente una transición momentánea del olvido al olvido.

Y el universo, también, enfrenta la muerte. Los científicos nos dicen que el universo se está expandiendo, y todo en él se aleja más y más. Mientras esto sucede, se vuelve más y más frío, y su energía se agota. En el futuro todas las estrellas se consumirán y toda la materia colapsará en estrellas muertas y agujeros negros. No habrá luz en absoluto; no habrá calor; no habrá vida; sólo los cadáveres de estrellas y galaxias muertas, siempre expandiéndose en la oscuridad interminable y las frías profundidades del espacio: un Universo en ruinas. Así que no sólo la vida de cada persona individual está condenada; la raza humana entera está condenada. No hay escapatoria. No hay esperanza.

Lo absurdo de la vida sin Dios y sin inmortalidad
Si no hay Dios, entonces el hombre y el universo están condenados. Como prisioneros sentenciados a muerte, esperamos nuestra inevitable ejecución. No hay Dios ni inmortalidad. ¿Y cuál es la consecuencia de esto? Significa que la vida misma es absurda. Significa que la vida que tenemos carece de significado, valor, o propósito último.

No hay significado último sin inmortalidad y sin Dios
Si cada persona deja de existir cuándo muere, entonces ¿qué significado último puede darse a su vida? ¿Importa realmente si alguna vez existió? Su vida puede ser importante en relación a ciertos eventos, pero ¿Cuál es el significado último de cualquiera de esos eventos? Si todos los eventos carecen de sentido, entonces ¿Cuál puede ser el significado o influencia última de cualquiera de ellos? En última cuenta no hacen ninguna diferencia.

Veámoslo desde otra perspectiva: Los científicos dicen que el universo se originó en una explosión denominada el "Big Bang" hace unos 13 mil millones años. Suponga que el Big Bang nunca hubiera ocurrido. Suponga que el universo nunca hubiera existido. ¿Qué diferencia sustancial haría? De todos modos, el universo esta condenado. En última cuenta, no hace ninguna diferencia si el universo alguna vez existió o no. Por consiguiente, carece de significado último.

Lo mismo es verdad respecto la raza humana. La humanidad es una especie condenada en un universo agonizante. Porque la raza humana dejará de existir en el futuro; da lo mismo si alguna vez existió. La humanidad, así, no es más significativa que un enjambre de mosquitos o un corral de cerdos, pues su destino es el mismo. El mismo ciego proceso cósmico que primero los escupió, se los tragará a todos en el futuro.

Y lo mismo es verdad de cada persona individual. Las contribuciones del científico al adelanto de conocimiento humano, las investigaciones del doctor para aliviar el dolor y el sufrimiento, los esfuerzos del diplomático por afianzar la paz en el mundo, los sacrificios de hombres buenos en todo lugar para mejorar la condición del ser humano: todos éstos terminan en nada. Éste es el horror de hombre moderno; dado que acaba en nada, es nada.

Pero es importante ver que no es sólo inmortalidad lo que necesita el hombre si su vida ha de ser significativa. La mera duración de la existencia no hace a esa existencia significativa. Si el hombre y el universo pudieran existir para siempre, pero no hubiera Dios, su existencia aún carecería de significado último. Como ilustración, una vez leí un cuento de ciencia-ficción en que un astronauta estaba aislado en un yermo trozo de piedra perdido en el espacio exterior. Con él tenía dos frascos: uno contenía veneno y el otro una poción que lo haría vivir para siempre. Comprendiendo su predicamento, bebió el veneno. Pero entonces, para su horror, descubrió que había bebido el frasco equivocado, había bebido la poción de la inmortalidad. Y eso significaba que él estaba maldito a existir para siempre, una vida interminable y carente de sentido. Ahora, si Dios no existe, nuestras vidas son exactamente igual. Podrían seguir y seguir y aún carecer absolutamente de sentido. Aún podríamos preguntar de la vida: "¿Y qué?" Así que no es sólo la inmortalidad lo que el hombre necesita si su vida ha de ser significativa en último término; necesita a Dios y la inmortalidad. Y si Dios no existe, carece de ambos.

El hombre del siglo XX llegó a entender esto. Lean "Esperando a Godot" de Samuel Beckett. Durante toda la obra dos hombres mantienen una conversación trivial mientras esperan que llegué un tercer hombre, quién nunca lo hace. Nuestras vidas son así, está diciendo Beckett; sólo matamos el tiempo esperando. ¿Qué?, no lo sabemos. En un trágico retrato del hombre, Beckett escribió otra obra en que el telón se abre revelando un escenario cubierto de basura. Durante treinta largos segundos, el público se sienta y mira fijamente en silencio esa basura. Entonces el telón se cierra. Eso es todo.

Los existencialistas franceses Jean-Paul Sartre y Albert Camus entendieron esto también. Sartre retrató la vida en su obra "Sin salida" como el infierno. La línea final de la obra son las palabras de resignación, "Bien, sigamos con él". Así, Sartre escribe en otra parte acerca de la "náusea" de la existencia. Camus, también, vio la vida como un absurdo. Al final de su novela breve "El Extranjero", el héroe de Camus descubre en un destello de comprensión que el universo no tiene significado y no hay Dios para darle uno. Así, si no hay Dios, entonces la vida misma carece sentido. El hombre y el universo carecen de significado último.

No hay valor último sin inmortalidad y sin Dios
Si la vida acaba a la tumba, entonces da lo mismo si uno ha vivido como Stalin o como un santo. Dado que el destino de cada uno finalmente no se relaciona con la propia conducta, usted puede simplemente vivir como mejor le parezca. Como lo puso Dostoyevski: "Si no hay inmortalidad, todas las cosas están permitidas". Sobre esta base, un escritor como Ayn Rand esta completamente en lo cierto al alabar las virtudes del egoísmo. Viva totalmente para el yo; ¡No hay nadie que le haga rendir cuentas! De hecho, sería estúpido hacer algo diferente, pues la vida es demasiado corta para arriesgarla actuando por otra cosa que no sea puro interés propio. Sacrificarse en favor de otro sería estúpido. Kai Nielsen, un filósofo del ateo que intenta defender la viabilidad de la ética sin Dios, al final admite:
"No hemos sido capaces de mostrar que la razón requiere el punto de vista moral, o que todos que las personas verdaderamente racionales, desprovistas de mitos o ideologías, no necesitan ser individuos egoístas o los amorales clásicos. La razón no decide aquí. El cuadro que he pintado para usted no es uno agradable. La reflexión acerca de él me deprime... La pura razón práctica, incluso con un adecuado conocimiento de los hechos, no le llevará a la moralidad."i
Pero el problema es aún peor. Porque, dejando de lado la inmortalidad, si no hay Dios, no puede haber estándares objetivos del bien y el mal. Todo lo que confrontamos es, en palabras de Jean-Paul Sartre, el hecho desnudo, carente de valor, de la existencia. Los valores morales son ya sea sólo expresiones de gusto personal o los derivados de la evolución y condicionamiento socio-biológico. En un mundo sin Dios ¿Quién puede decir qué valores son correctos y cuáles no? ¿Quién puede juzgar que los valores de Adolfo Hitler son inferiores a los de un santo? El concepto de moralidad pierde todo significado en un universo sin Dios. Como un eticista ateo contemporáneo señala,
"decir que algo es malo porque... esta prohibido por Dios, es... absolutamente comprensible para cualquiera que cree en un legislador Divino. Pero decir que algo está mal... aún cuando no haya ningún Dios para prohibirlo, no es comprensible... " "El concepto de obligación moral [es] ininteligible aparte de la idea de Dios. Las palabras permanecen pero su significado ha ido."ii
En un mundo sin Dios, no puede haber bien y mal en un sentido objetivo, sólo nuestros juicios subjetivos culturales y personalmente relativos. Esto significa que es imposible de condenar la guerra, la opresión, o el crimen como algo malo. Ni tampoco es posible alabar la fraternidad, la igualdad y el amor como algo bueno. Porque en un universo sin Dios, el bien y el mal no existen, sólo esta el hecho desnudo y sin valor de la existencia, y no hay nadie que pueda decir que tú tienes la razón y yo estoy equivocado.

No hay propósito último sin la inmortalidad y sin Dios
Si la muerte nos espera con los brazos abiertos al final del camino, ¿Cuál es entonces el propósito de la vida? ¿Es todo para nada? ¿No hay razón para la vida? ¿Y qué del universo? ¿Es absolutamente en vano? Si su destino es una tumba helada en el vacío del espacio exterior, la respuesta debe ser: Sí, es vano. No hay ninguna meta, ningún propósito para el universo. Los restos de un universo muerto simplemente seguirán expandiéndose y expandiéndose, para siempre.

¿Y qué del hombre? ¿No hay ningún propósito en absoluto para la raza humana? ¿O simplemente desaparecerá algún día en el olvido de un universo indiferente? El escritor inglés H. G. Wells previó tal perspectiva. En su novela "La Maquina del Tiempo", el viajero del tiempo de Wells viaja lejos en el futuro para descubrir el destino de hombre. Todo lo que encuentra es una tierra muerta, salvo por un poco de liquen y musgo, orbitando un gigantesco sol rojo. Los únicos sonidos son el zumbido del viento y las suaves olas del mar. Escribe Wells:
"Más allá de estos sonidos inanimados el mundo estaba silencioso. ¿Silencioso? Sería difícil expresar su quietud. Todos los sonidos de hombre, el balido de oveja, los gritos de las aves, el zumbido de los insectos, el movimiento que sirve de fondo a nuestras vidas, todo se había acabado."iii
Y así, el viajero del tiempo de Wells regresó. ¿Pero a qué? meramente un punto anterior en la carrera sin objeto hacia el olvido. Cuando como no cristiano leí por primera vez el libro de Wells pensé: "¡No, no! ¡No puede acabar así!" Pero si no hay Dios, así es como acabará, nos guste o no. Ésta es la realidad en un universo sin Dios: no hay esperanza; no hay propósito.

Lo que es verdad para la humanidad como un todo, es verdad individualmente para cada uno de nosotros: estamos aquí sin ningún propósito. Si no hay Dios, entonces nuestra vida no es cualitativamente diferente de la de un perro. Como el antiguo autor de Eclesiastés lo pone:
"Los hombres terminan igual que los animales; el destino de ambos es el mismo, pues unos y otros mueren por igual, y el aliento de vida es el mismo para todos, así que el hombre no es superior a los animales. Realmente, todo es absurdo, y todo va hacia el mismo lugar. Todo surgió del polvo, y al polvo todo volverá". (Ecl 3:19-20 NVI).
En este libro, que se lee más como un pedazo de literatura existencialista moderna que como un libro de la Biblia, el escritor muestra la futileza de placer, la riqueza, la educación, la fama política, y la honra en una vida condenada a acabar en la muerte. ¿Su veredicto? “¡Vanidad de vanidades! Todo es vanidad!" (1:2). Si la vida acaba a la tumba, entonces no tenemos ningún propósito último por el cual vivir.

Pero más que esto: aun si no acabara con la muerte, sin Dios la vida aún carecería de propósito. El hombre y el universo serían entonces simples accidentes del azar, lanzados a la existencia sin razón. Sin Dios, el universo es el resultado de un accidente cósmico, una explosión fortuita. No hay razón para su existencia. En cuanto al hombre, es un capricho de la naturaleza —un producto ciego de la materia, más el tiempo, más el azar. Es simplemente un poco de cieno que desarrolló racionalidad. Como un filósofo lo ha puesto:
"La vida humana está montada sobre un pedestal subhumano y debe desplazarse por sí sola en el corazón de un universo silencioso e inconsciente.''iv
Lo que es verdad del universo y de la raza humana también es verdad de nosotros como individuos. Si Dios no existe, entonces usted es simplemente un aborto de naturaleza, lanzado a un universo sin propósito para vivir una vida sin propósito.

Así, si Dios no existe, significa que el hombre y el universo existen sin propósito, dado que el fin de todo es la muerte, y llegaron a existir sin propósito, dado que son sólo productos ciegos del azar. En pocas palabras, la vida carece absolutamente de razón.

¿Entiende usted la gravedad de la alternativa que se nos presenta? Si Dios existe, hay esperanza para el hombre. Pero si Dios no existe, todo lo que nos queda es la desesperación. ¿Entiende por qué la pregunta sobre la existencia de Dios es tan vital para el ser humano? Como un escritor acertadamente lo ha puesto "Si Dios está muerto, entonces el hombre también está muerto".

Desgraciadamente, la gran masa de la humanidad no comprende este hecho. Continúan adelante como si nada hubiera cambiado. Me recuerda la historia de Nietzsche del loco que en las primeras horas de la mañana irrumpió en el mercado, linterna en mano, gritando: "¡Busco Dios! ¡Busco Dios!" Dado que muchos de los presentes no creían en Dios, provocó mucha risa. "¿Dios se ha perdido?" se mofaron de él. "¿O está escondido? ¡O quizá se ha ido de viaje o ha emigrado!" Le gritaron y se rieron. Entonces, escribe Nietzsche, el loco se volvió hacia ellos y los atravesó con su mirada diciendo:
"¿Donde esta Dios?" gritó, "Yo les diré. Nosotros lo hemos matado: ustedes y yo. Todos nosotros somos sus asesinos. ¿Pero cómo hemos hecho esto? ¿Cómo pudimos beber al mar? ¿Quién nos dio la esponja para borrar el horizonte entero? ¿Qué hicimos cuándo desencadenamos esta tierra de su sol? ¿Hacia donde se está moviendo ahora? ¿Lejos de todos los soles? ¿Acaso no nos hundimos continuamente? ¿Hacia atrás, hacia los lados, adelante, en todas las direcciones? ¿Queda un arriba y un abajo? ¿No estamos extraviándonos como en una infinita nada? ¿No sentimos el aliento del espacio vacío? ¿No se ha vuelto más frío? ¿No viene noche y más noche? ¿No deben encenderse las linternas por la mañana? ¿No oímos todavía del ruido de los sepultureros que están enterrando Dios?... Dios está muerto... Y nosotros lo hemos matado. ¡Cómo nosotros, asesinos entre los asesinos, nos consolaremos!"v
La muchedumbre miró fijamente al loco en el silencio y asombro. Por fin este azotó su linterna en el suelo. "He venido demasiado pronto" dijo. "Este tremendo evento todavía está en de camino, no ha alcanzado los oídos del hombre todavía". Los hombres no comprendieron realmente las consecuencias de lo que habían hecho al matar a Dios. Pero Nietzsche predijo que algún día la gente comprendería las implicaciones de su ateísmo; y este descubrimiento introduciría una edad de nihilismo: la destrucción de todo significado y valor en la vida.

La mayoría de las personas aun no reflexiona en las consecuencias del ateísmo y así, como la muchedumbre en el mercado, sigue inconscientemente su camino. Pero cuando comprendemos, como hizo Nietzsche, lo qué el ateísmo implica, entonces su pregunta nos golpea fuertemente: ¿cómo nosotros, los asesinos de todos los asesinos, nos consolaremos?

La imposibilidad práctica del ateísmo
Casi la única solución que el ateo puede ofrecer es que enfrentemos la absurdidad de la vida y vivamos valientemente. Por ejemplo, Bertrand Russell escribió que debemos construir nuestras vidas en "el firme fundamento de la inflexible desesperación"vi. Sólo reconociendo que el mundo realmente es un lugar terrible podemos enfrentar exitosamente la vida. Camus dijo que debemos reconocer la absurdidad de la vida honestamente y entonces debemos vivir en amor el uno por el otro.

El problema fundamental con esta solución, sin embargo, es que es imposible vivir de forma consistente y alegre dentro de tal cosmovisión. Si uno vive de forma consistente, no será feliz; si uno vive felizmente, es sólo porque no es consistente. Francis Schaeffer ha explicado bien este punto. El hombre moderno, dice Schaeffer, vive en un universo de dos pisos. En el piso de abajo está el mundo finito sin Dios; aquí la vida es absurda, como hemos visto. En el piso superior está el significado, los valores, y el propósito. Ahora, el hombre moderno vive en el piso de abajo porque cree que no hay Dios. Pero no puede vivir felizmente en un mundo tan absurdo; por tanto continuamente da saltos de fe al piso superior para afirmar el significado, valor, y propósito, aún cuando no tiene derecho a ello, dado que no cree en Dios.

Echémonos, entonces, una nueva mirada a cada una de las tres áreas en que vimos que la vida es absurda sin Dios, para mostrar cómo el hombre no puede vivir consistente y alegremente con su ateísmo.

Significado de la vida
Primero, el área del significado. Vimos que sin Dios, la vida no tiene ningún significado. Aun así, los filósofos continúan viviendo como si la vida tuviera significado. Por ejemplo, Sartre afirmó que uno puede crear significado para su vida escogiendo libremente seguir un cierto curso de acción. El propio Sartre escogió el Marxismo.

Ahora esto es absolutamente incoherente. Es incoherente decir que la vida es objetivamente absurda y después decir uno puede crear significado para su vida. Si la vida es realmente absurda, entonces el hombre esta atrapado en el piso inferior. Intentar crear significado en la vida representa un salto al piso superior. Pero Sartre no tiene ninguna base para este salto. Sin Dios, no puede haber ningún significado objetivo en la vida. El programa de Sartre realmente es un ejercicio de autoengaño. Sartre realmente está diciendo, "Hagamos como que el universo tiene significado". Esto es simplemente engañarnos a nosotros mismos.

El punto es este: si Dios no existe, entonces la vida objetivamente carece de sentido; pero el hombre no puede vivir de forma consistente y feliz sabiendo que la vida no tiene sentido; así que para ser feliz simula que la vida tiene significado. Pero esto es, claro, completamente inconsistente, porque sin Dios, el hombre y el universo carecen de cualquier significancia real.

El valor de vida
Volvámonos ahora al problema de valor. Aquí es donde ocurren las inconsistencias más escandalosas. En primer lugar, los humanistas ateos son totalmente incoherentes al afirmar los valores tradicionales del amor y hermandad. Camus ha sido correctamente criticado por sostener inconsistentemente la absurdidad de la vida y la ética del amor y hermandad humana. Los dos son lógicamente incompatibles. Bertrand Russell, también, fue inconsistente. Pues aunque era ateo, era un abierto crítico social, denunciando la guerra y las restricciones a la libertad sexual. Russell admitió que no podía vivir como si los valores éticos simplemente fueran una cuestión de gusto personal, y que encontraba su propia visión, por consiguiente, "increíble". "No sé la solución"vii, confesó. El punto es que si no hay Dios, no puede existir un bien y mal objetivos. Como dijo Dostoyevski: "Todas las cosas están permitidas."

Pero Dostoyevski también mostró que el hombre no puede vivir de esta manera. No puede vivir como si fuera perfectamente correcto que soldados maten niños inocentes. No puede vivir como si fuera perfectamente correcto que dictadores como Pol Pot exterminen a millones de sus propios compatriotas. Todo en él clama que estos actos son malvados, realmente malvados. Pero si no hay Dios, no puede hacerlo. Así que da un salto de fe y afirma los valores de todos modos. Y cuando lo hace, revela la insuficiencia de un mundo sin Dios.

El horror de un mundo desprovisto de valor se hizo real para mi con una nueva intensidad hace unos pocos años atrás, cuando vi un documental televisivo de la BBC llamado "The Gathering", Se trataba de una reunión de sobrevivientes del Holocausto en Jerusalén dónde reencontraron amistades perdidas y compartieron sus experiencias. Un prisionera, enfermera, contó como había llegado a ser la ginecóloga de Auschwitz. Ella observó que las mujeres embarazadas eran agrupadas por los soldados bajo la dirección del Dr. Mengele y alojadas en los mismos cuarteles. Pasado algún tiempo, notó que no se volvía a ver a ninguna de estas mujeres. Hizo algunas averiguaciones. "¿Dónde están las mujeres embarazadas que fue alojadas en esos cuarteles?" "¿No se enteró?" fue la respuesta. "El Dr. Mengele las usó para vivisección."

Otra mujer contó cómo Mengele había ligado a sus pechos para que no pudiera amamantar a su pequeño. El doctor quería descubrir cuánto tiempo un infante podía sobrevivir sin nutrición. Desesperadamente esta pobre mujer intentó mantener a su bebé vivo dándole los pedazos de pan empapados en café, sin resultados. Cada día el bebé perdía peso, un hecho que era ávidamente monitoreado por el Dr. Mengele. Una enfermera vino en secreto a esta mujer y le dijo, "He arreglado una manera para que usted pueda salir de aquí, pero usted no puede llevar a su bebé con usted. Traje una inyección de morfina que puede darle al niño para acabar su vida." Cuando la mujer protestó, la enfermera insistió: "Mire, su bebé va a morir de todas maneras. Al menos sálvese usted." Y así, esta madre le quitó la vida a su propio bebé. El Dr. Mengele se enfureció cuando se enteró de ello, porque había perdido su espécimen de experimentación y, buscó entre los cadáveres para encontrar el cuerpo descartado del bebé y así poder tener un último registro de peso.

Mi corazón se rasgó por estas historias. Un rabino que sobrevivió al campo lo resumió bien cuando dijo que en Auschwitz era como si existiera un mundo en que todos los Diez Mandamientos hubieran sido invertidos. La humanidad nunca había visto tal infierno.

Y aún así, si Dios no existe, entonces en cierto sentido, nuestro mundo es Auschwitz: no hay un bien y un mal absolutos; cualquier cosa esta permitida. Pero ningún ateo, ningún agnóstico, puede vivir de forma consistente con tal perspectiva. El propio Nietzsche, quién proclamó la necesidad de vivir más allá del bien y del mal, rompió con su mentor Richard Wagner a causa del problema del antisemitismo del compositor y su estridente nacionalismo alemán. Del mismo modo, Sartre, escribiendo justo después de la Segunda Guerra Mundial, condenó el antisemitismo, declarando que una doctrina que lleva al exterminio no es meramente una cuestión de opinión o gusto personal, de igual valor que su opuesto.viii En su importante ensayo "El existencialismo es un humanismo", Sartre se esfuerza vanamente por eludir la contradicción entre su rechazo a la idea de valores divinamente preestablecidos y su deseo urgente afirmar el valor de la persona humana. Como Russell, no podía vivir con las implicaciones de su propio rechazo de los absolutos éticos.

Un segundo problema es que si Dios no existe y no hay inmortalidad, entonces todos los actos malvados de los hombres quedan impunes y todos los sacrificios de los hombres buenos quedan sin recompensa. ¿Pero quién puede vivir con tal perspectiva? Richard Wurmbrand, quien fue torturado por su fe en las prisiones comunistas dice:
"La crueldad de ateísmo es difícil de creer cuando el hombre no tiene fe en la recompensa del bien o el castigo de mal. No hay ninguna razón para ser humano. No hay restricción de las profundidades de mal que hay en el hombre. Los verdugos comunistas a menudo decían, 'no hay Dios, no hay más allá, no hay castigo para el mal. Podemos hacer lo que queramos.' Incluso escuché a un torturador decir, 'Doy gracias a Dios en quien no creo, por haber vivido hasta a esta hora cuando puedo expresar todo el mal en mi corazón.' Lo expresó en la increíble brutalidad y tortura infligidas en los prisioneros"ix.
Y lo mismo se aplica a los actos de auto-sacrificio. Hace varios años, ocurrió un terrible desastre aéreo en pleno invierno, en que un avión que despegaba del aeropuerto de Washington, D.C., se estrelló contra un puente sobre el río Potomac, zambullendo a los pasajeros en las heladas aguas. Cuando los helicópteros de rescate llegaron, la atención se enfocó en un hombre que una y otra vez empujó la escalera de cuerda colgante hacia otros pasajeros en lugar de ser el mismo llevado a la seguridad. Seis veces pasó la escalera. Cuando llegaron nuevamente, había fallecido. Había dado gratuitamente su vida para que otros pudieran vivir. La nación entera volvió sus ojos a este hombre en respeto y admiración por el acto bueno y desinteresado que había realizado. Y aun así, si el ateo está en lo correcto, ese hombre no fue noble, hizo la cosa más estúpida posible. Debió haber ido primero por la escalera, empujando a otros si era necesario para sobrevivir. ¿Pero morir por otros que ni siquiera conocía, renunciar a toda la breve existencia que tendría? ¿Para que? Para el ateo no puede haber ninguna razón. Y aun así el ateo, como el resto de nosotros, reacciona instintivamente con alabanza para la acción generosa de este hombre. De hecho, uno probablemente nunca encontrará a un ateo que viva de forma consistente con su sistema. Porque un universo sin responsabilidad moral y carente de valor es inimaginablemente terrible.

El propósito de vida
Finalmente, miremos el problema del propósito de la vida. La única manera en que la mayoría de las personas que niegan el propósito en la vida viven felizmente es, ya sea, inventando algún propósito, lo que es auto engaño como vimos con Sartre, o no llevando su perspectiva a sus conclusiones lógicas. Tome el problema de muerte, por ejemplo. Según Ernst Bloch, la única manera en que el hombre moderno puede vivir ante la muerte es tomando prestada subconscientemente la creencia en la inmortalidad que sus antepasados sostuvieron, aunque él mismo no tiene ninguna base para esta creencia, dado que no cree en Dios. Al tomar prestados los remanentes de una creencia en la inmortalidad, escribe a Bloch, 
"El hombre moderno no siente el abismo que incesantemente lo rodea y que ciertamente finalmente lo engullirá. A través de estos remanentes, salva su sentido de identidad. A través de ellos surge la impresión de que el hombre no está pereciendo, si no solo que un día el mundo tiene el capricho de no aparecerle más." Bloch concluye, "Este ánimo, bastante superficial se alimenta de una tarjeta de crédito prestada. Vive de esperanzas antiguas y del apoyo que estas una vez habían proporcionado"x.
El hombre Moderno ya no tiene derecho a ese apoyo, dado que ha rechazado a Dios. Pero para vivir con un propósito, hace un salto de fe al afirmar una razón por la cual vivir.

A menudo encontramos la misma inconsistencia entre aquéllos que dicen que el hombre y el universo llegaron a existir sin ninguna razón o propósito, simplemente por casualidad. Incapaz de vivir en un universo impersonal en que todo es producto del ciego azar, esta gente comienza a atribuir personalidad y motivos a los procesos físicos mismos. Es una manera extraña de hablar y representa un salto del piso inferior al superior. Por ejemplo, Francis Crick, a medio camino de su libro "El origen del código genético" comienza a escribir "naturaleza" con una "N" mayúscula y en otra parte habla de selección natural como siendo "inteligente" y como "pensando" en lo que va a hacer. Fred Hoyle, el astrónomo inglés, atribuye al propio universo las cualidades de Dios. Para Carl Sagan el "Cosmos", que él siempre escribe con mayúscula, obviamente cumple el papel de un dios sustituto. Aunque todos estos hombres profesan no creer en Dios, contrabandean un Dios suplente por la puerta trasera porque ellos no pueden soportar vivir en un universo en que todo es el resultado aleatorio de fuerzas impersonales.

Y es interesante ver a muchos pensadores traicionar sus perspectivas cuando son llevadas a su conclusión lógica. Por ejemplo, ciertas feministas han levantado una tormenta de protesta contra la psicología sexual freudiana porque es chauvinista y degradante respecto de las mujeres. Y algunos psicólogos se han sometido y han revisado sus teorías. Ahora, esto es totalmente inconsistente. Si la psicología freudiana es realmente verdad, entonces no importa si es degradante para las mujeres. No se puede cambiar la verdad porque no nos guste lo que implica. Pero las personas no pueden vivir de forma consistente y feliz en un mundo dónde otras personas son devaluadas. Sin embargo, si Dios no existe, nadie tiene valor alguno. Sólo si Dios existe puede alguien de forma consistente sostener los derechos de las mujeres. Pero si Dios no existe, entonces la selección natural dicta que el varón de la especie sea dominante y agresivo. Las mujeres no tendrían más derechos que los que tienen una cabra hembra o una gallina. En la naturaleza cualquier cosa que es, esta bien. ¿Pero quién puede vivir con tal perspectiva? Al parecer, ni siquiera los psicólogos freudianos que traicionan sus teorías cuando son empujadas a sus conclusiones lógicas.

O tomemos el conductismo sociológico de alguien como B. F. Skinner. Su perspectiva lleva a la clase de sociedad prevista en "1984" de George Orwell, dónde el gobierno controla y programa el pensamiento de todos. Si las teorías de Skinner son correctas, no puede haber objeción a tratar a las personas como a las ratas en la jaula de Skinner, recorriendo sus laberintos, estimulados con comida y choques eléctricos. Según Skinner, todas nuestras acciones están determinadas de todas formas. Y si Dios no existe, ninguna objeción moral puede levantarse contra este tipo de programación, porque el ser humano no es cualitativamente diferente de una rata, dado que ambos no son más que materia, más tiempo, más azar. Pero, de nuevo ¿quién puede vivir con tal perspectiva deshumanizante?

O finalmente, tome el determinismo biológico alguien como Francis Crick. La conclusión lógica es que el ser humano es como cualquier otro espécimen de laboratorio. El mundo se horrorizó cuando descubrió que en campos como Dachau los nazis habían usado a prisioneros para experimentos médicos en humanos vivos. ¿Pero por qué no? Si Dios no existe, no puede haber ninguna objeción en usar a alguien como conejillo de indias humano. El fin de esta perspectiva es el control de la población en que el débil y el no deseado son muertos en orden a dar lugar al fuerte. Pero la única manera en que podemos protestar de forma consistente contra esta perspectiva es si Dios existe. Sólo si Dios existe puede haber propósito en la vida.

El dilema de hombre moderno es así verdaderamente terrible. Y en la medida en que niega la existencia de Dios y la objetividad de los valores y el propósito, este dilema permanece sin resolver también para el hombre posmoderno. De hecho, es precisamente la conciencia de que el modernismo produce inevitablemente la absurdidad y desesperación lo que constituye la angustia de la posmodernidad. En algunos respectos, la posmodernidad es solo la conciencia de la bancarrota de la modernidad. La cosmovisión atea es insuficiente para mantener una vida feliz y consistente. El hombre no puede vivir de forma consistente y feliz como si la vida careciera finalmente de significado, valor o propósito. Si intentamos vivir de forma consistente dentro de una cosmovisión atea, seremos profundamente infelices. Si en cambio logramos vivir felizmente, es sólo desmintiendo nuestra cosmovisión.

Confrontado con este dilema, el ser humano se debate patéticamente por algún medio de escape. En un notable discurso ante la Academia Americana para el Avance de Ciencia en 1991, el Dr. L. D. Rue, confrontado con el predicamento del hombre moderno, postuló audazmente que debemos engañarnos a nosotros mismos por medio de alguna "mentira noble" para pensar que nosotros y el universo aún tenemos valor xi. Afirmando que "La lección de los últimos dos siglos es que el relativismo intelectual y moral es profundamente la realidad", el Dr. Rue reflexiona que la consecuencia de tal descubrimiento es que la búsqueda de plenitud personal (o la auto-realización) y la búsqueda de la coherencia social se independizan una de la otra. Esto porque desde el punto de vista del relativismo la búsqueda de la auto-realización se privatiza radicalmente: cada uno escoge su propio juego de valores y significado. Si hemos de evitar la "opción del manicomio", dónde la auto-realización es perseguida sin tener en cuenta la coherencia social, y la "opción totalitaria" dónde la coherencia social se impone a expensas de la plenitud personal, no tenemos otra opción que abrazar alguna noble mentira que nos inspire a vivir más allá de nuestros intereses egoístas y así lograr la coherencia social. Una mentira noble "es una que nos engaña, nos compele más allá del propio interés, más allá del ego, más allá de la familia, la nación, [y] la raza". Es una mentira, porque nos dice que el universo esta imbuido de valor (lo qué es una gran ficción), porque tiene una pretensión de verdad universal (cuando no la hay), y porque me dice que no viva para mi propio interés (lo qué es evidentemente falso). "Pero sin tales mentiras, no podemos vivir".

Éste es el espantoso veredicto pronunciado sobre el hombre moderno. Para sobrevivir, debe vivir en el auto engaño. Pero incluso la opción de la mentira noble es finalmente impracticable. Para ser feliz, uno debe creer en el en un significado, valor y propósito objetivos. ¿Pero cómo puede uno creer en esas mentiras nobles y al mismo tiempo en el ateísmo y relativismo? Mientras más convencido se esté de la necesidad de una mentira noble, menos se puede creer en ella. Como un placebo, una mentira noble opera sólo en aquéllos que la creen verdad. Una vez que hemos visto a través de la ficción, la mentira pierde su poder sobre nosotros. Así, irónicamente, la mentira noble no puede resolver el predicamento humano para cualquiera que ha llegado a ver ese predicamento.

La opción de la mentira noble lleva, por consiguiente y en el mejor de los casos, a una sociedad en que un grupo elitista de illuminatis engaña a las masas para su propio bien, perpetuando la mentira noble. ¿Pero entonces por qué aquéllos de nosotros que estamos bien informados debemos seguir a las masas en su ilusión? ¿Por qué debemos sacrificar nuestro interés propio por una ficción? Si la gran lección de los últimos dos siglos es el relativismo moral e intelectual, entonces ¿por qué (si pudiéramos) pretender que no sabemos esta verdad y en cambio vivir una mentira? Si alguien contesta, "en beneficio de la coherencia social", uno puede legítimamente preguntar por qué debo sacrificar mi interés propio en beneficio de la coherencia social. La única respuesta que el relativista puede dar es "la coherencia social es mi interés propio", pero el problema de esta respuesta es que el interés propio y el interés de la manada no siempre coinciden. Además, si (por puro interés individual) me preocupo de la coherencia social, la opción totalitaria está siempre abierta: olvidemos la mentira noble y mantengamos la coherencia social (así como mi propia auto-realización) a expensas del bienestar personal de las masas. Rue consideraría tal opción indudablemente repugnante. Pero ahí esta el problema. El dilema de Rue es que él obviamente valora profundamente la coherencia social y la plenitud personal en si mismas; en otros términos, estas son valores objetivos, los que según su propia filosofía no existen. Él ya ha hecho el salto al piso de arriba. La opción de la mentira noble afirma lo que niega y así se refuta a sí misma.

El éxito del cristianismo bíblico
Pero si el ateísmo falla a este respecto, ¿qué pasa con el cristianismo bíblico? Según la cosmovisión cristiana, Dios sí existe, y la vida de hombre no acaba a la tumba. En el cuerpo de resurrección el ser humano puede disfrutar de vida eterna y comunión con Dios. El cristianismo bíblico por lo tanto provee de las dos condiciones necesarias para una vida significativa, valiosa, y con propósito para el hombre: Dios y la inmortalidad. Debido a esto, podemos vivir de forma consistente y feliz. Así, el cristianismo bíblico tiene éxito precisamente donde el ateísmo colapsa.

Conclusión
Ahora, quiero dejar claro que aún no se ha mostrado aquí que el cristianismo bíblico sea verdad. Pero lo que he hecho es exponer claramente las alternativas. Si Dios no existe, la vida es fútil. Si el Dios de la Biblia existe, entonces la vida es significativa. Sólo la segunda de estas dos alternativas nos permite vivir de forma feliz y consistente. Por consiguiente, me parece que aun cuando la evidencia para estas dos opciones sea completamente igual, una persona racional debiera escoger el cristianismo bíblico. Me parece positivamente irracional preferir la muerte, la futileza, y la destrucción a la vida, el significado y la felicidad. Como dijo Pascal, "no tenemos nada que perder y el infinito que ganar".

Notas
i 1 Kai Nielsen, "Why Should I Be Moral?" American Philosophical Quarterly 21 (1984): 90.
ii Richard Taylor, Ethics, Faith, and Reason (Englewood Cliffs, NJ: Prentice Hall, 1985), 90, 84.
iii H.G. Wells, The Time Machine (New York: Berkeley, 1957), chap. 11.
iv W.E. Hocking, Types of Philosophy (New York: Scribner's, 1959), 27
v Friedrich Nietzsche, "The Gay Science," in The Portable Nietzsche, ed. and trans. W. Kaufmann (New York: Viking, 1954), 95.
vi Bertrand Russell, "A Free Man's Worship," in Why I Am Not a Christian, ed. P. Edwards (New York: Simon & Schuster, 1957), 107.
vii Bertrand Russell, Letter to the Observer, 6 October, 1957.
viii Jean Paul Sartre, "Portrait of the Antisemite," in Existentialism from Dostoyevski to Satre, rev. ed., ed. Walter Kaufmann (New York: New Meridian Library, 1975), p. 330.
ix Richard Wurmbrand, Tortured for Christ (London: Hodder & Stoughton, 1967), 34.
x Ernst Bloch, Das Prinzip Hoffnung, 2d ed., 2 vols. (Frankfurt am Main: Suhrkamp Verlag, 1959), 2:360-1.
xi Loyal D. Rue, "The Saving Grace of Noble Lies," address to the American Academy for the Advancement of Science, February, 1991.

Traducido por Joel Naranjo. Editado y reescrito por Taller de Apologética



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jueves, 17 de octubre de 2013

¿Es el Naturalismo una explicación más simple que el Teísmo?

por Paul Copan

El Big Bang
El filósofo David Papineau declara que “casi todas las personas en nuestros días quieren ser “naturalistas”1 Los intelectuales de occidente llaman al naturalismo la visión “ortodoxa”. El más reciente Carl Sagan de Cosmosfame describe de forma resumida esta “ortodoxa” doctrina del naturalismo: “El cosmos es todo lo que hay, o fue, o siempre será.”2

El universo en espacio-tiempo --el cual podemos estudiar utilizando las ciencias físicas-- es todo lo que hay. En vez de apelar a explicaciones“ocultas”, “espeluznantes”, “sobrenaturales” o “teístas”, los naturalistas dicen que su visión del mundo es más simple. Requieren menos entidades para explicar la forma en que las cosas son. ¿Cierto? Dios es una quinta rueda metafísica, un simple apéndice "explicativo”. Simplemente Dios no es necesario para explicar como son las cosas, “la ciencia” es suficiente.

Tres características del naturalismo
Esta es una imagen grande. Permítanme desmenuzarla revisando sus tres características principales.

  1. Conocimiento (epistemológico) es la creciente tendencia que considera el conocimiento como nada más que una contribución a la sobrevivencia humana y no requiere que se crea en él para que sea verdadero. Intuitivamente reconocemos que el conocimiento por definición requiere la verdad. Como también nosotros no sostengamos una creencia de forma accidental, sino que tengamos algún tipo de garantía o base propia:

    Conocimiento: (i) una creencia que es (ii) verdadera y también (iii) garantizada.

    La verdad: La verdad es idéntica o se corresponde con la realidad. Yo no puedo saber que la tierra es plana. No puedo saber que el sol orbita la tierra. ¿Por qué? Estas creencias son falsas; no corresponden con la realidad. No puedo saber que la tierra es plana o que la luna está hecha de queso. ¿Por qué? Porque esto no es así. A pesar del sentido común, los naturalistas están siendo cada vez más tentados a negar que la verdad sea necesaria para el conocimiento.

    No todos los naturalistas toman esta visión (llamada “epistemología naturalizada”); pero dado el punto de partida del naturalismo, muchos sí la toman. No podemos hablar acerca de como debiésemos pensar (el rol de la filosofía tradicional); no tenemos obligación filosófica alguna para rechazar como posibles, muchas creencias falsas y abrazar otras muchas que son verdaderas. Sino, nuestro foco debiese estar en como los seres humanos realmente están pensando (“psicología”); podemos estudiar creencias que tenían como propósito sobrevivir y no como propósito la verdad.

    La garantía: Si los naturalistas están en lo correcto, pareciese que somos simplemente organismos biológicos cuyas creencias saltan en nuestros cerebros provenientes de fuerzas físicas más allá de nuestro control; entonces, si nuestras creencias, que provienen de nuestros instintos de supervivencia, son verdaderas (coinciden con la realidad), son puramente accidentales --no racionales. Podríamos creer que los humanos tienen dignidad y derechos intrínsecos, y esto nos podría ayudar como especie a sobrevivir, pero esta creencia podría ser completamente falsa.

    La evolución naturalista se interesa en la sobrevivencia, no en la verdad. Por esto el naturalista no tiene más control sobre sus propias creencias que el Cristiano. Es decir, el naturalista no puede confesar ser más racional que alguien más. Las creencias ateas pueden ser tan azarosas como las cristianas debido a que fuerzas físicas más allá de nuestro control racional producen estas creencias. Los humanos son simplemente seres que sobreviven, que forman creencias para sobrevivir – incluso si se prueba que son falsas.

  2. Explicaciones causales (etiología) son la tendencia para explicar todos los eventos de forma mecánica (desde el Big Bang hasta las decisiones que tomamos todos los días), lo que implica un tipo de determinismo. La magnífica historia naturalista de los orígenes de nuestro universo tuvo comienzos físicos, impersonales y mecánicos, y este escenario físico de causa y efecto describe todos los eventos desde el Big Bang – incluyendo mis decisiones y creencias.

    Entonces la hebra histórica de las causas físicas desde el Big Bang hasta hoy en día es lo implicado por el determinismo. No hay espacio para la libertad de elección, que capacita a un agente para levantarse por sobre influencias físicas simples. Podríamos discutir, incluso, que nuestros sistemas legales y de prisión asumen que los humanos no están simplemente “bailando para su ADN,” como dice Richard Dawkins. Tenemos control moral sobre nuestros actos, a pesar de los genes y el ambiente. Causas personales son parte de la realidad, no simplemente los elementos físicos.

  3. Que haya entidades que existen (ontología) se basa sobre la suposición que solamente las cosas físicas existen. Es decir, si algo no es estrictamente físico (ejemplo: una mente), necesariamente depende de lo físico para su existencia; entonces, en el caso de la mente, completamente cesaría de existir con la muerte. Dios o ángeles (seres espirituales) no encajan en ninguna parte dentro del radar naturalista de la realidad. Sí, el naturalismo esta atado al fisicalismo; la realidad consta de materia.
Ese es un breve bosquejo del naturalismo. ¿Qué haremos nosotros con esto y su supuesta simpleza? 

La prueba de los antecedentes
El Naturalismo es una prueba del todo o nada. Demanda el desechar muchas de nuestras creencias que provienen de nuestro sentido común; la existencia del alma o de la voluntad libre, las obligaciones morales, y el mal. Pero ¿Es el naturalismo una mejor explicación?

Sometamos al naturalismo y al teísmo a la “prueba de los antecedentes” al preguntar: ¿Cuál es la visión del mundo que explica de mejor forma varias características del universo y del fenómeno de la experiencia humana? ¿Es el naturalismo o el teísmo el contexto menos sorprendente asociado a estas características? Podríamos revisar una lista bastante amplia y decir “Dios… Dios… Dios” El origen, y el ajuste fino del universo, la aparición de la primera vida, y de la conciencia, la existencia de los derechos humanos/dignidad, valores morales objetivos, libre albedrío, racionalismo, belleza, e incluso la existencia del mal, la existencia de un poderoso, inteligente buen Creador componen la mejor escena.

Haz la pregunta: ¿Cuál escenario es más plausible? ¿Esa conciencia proviene de materia inconsciente o de un Ser supremamente consciente de si mismo? O ¿Aquella identidad personal surgió a través de procesos impersonales o surgió por un Creador personal? ¿Aquel libre albedrío proviene de procesos deterministas o de un Ser que Libremente escogió crear? O que ¿Un finito tiempo a tras el universo simplemente apareció en la existencia, sin causa salió de la nada o que un Ser poderoso lo trajo a la existencia? El Naturalismo no nos ayuda realmente aquí. Al menos podemos decir que “algo hay ahí afuera” una realidad más allá de la naturaleza --algo que nosotros debiésemos explorar de forma seria.

En la siguiente tabla observe como el teísmo es un contexto menos sorprendente, más natural que el naturalismo para explicar estas características importantes del universo y la existencia humana.

Fenómenos que observamos, suponemos o reconocemos
Contexto teísta
Contexto Naturalista
La conciencia del ser existe.
Dios es supremamente consciente de si.
El universo es producto de un proceso inconsciente e impensado.
Seres personales existen.
Dios es un ser personal.
El universo fue producido por procesos impersonales.
Creemos que tomamos decisiones personales libres (elecciones), suponiendo que los humanos son responsables de sus actos.
Dios es espíritu y un Ser libre, que puede libremente escoger si actuar o no (ejemplo: crear o no crear).
Nosotros hemos emergido de procesos materiales, y deterministas más allá de nuestro control.
Cualidades secundarias (colores, olores, sonidos, sabores, texturas) existen a través de todo el mundo.
Dios es alegre, y cualidades secundarias hacen al mundo placentero y alegre para sus criaturas.
El universo se produjo de partículas y procesos sin color, ni olor, sin sonido ni sabor ni tampoco textura.
Nosotros confiamos en nuestros  sentidos y facultades racionales generalmente fidedignas en producir creencias verdaderas.
Un Dios de verdad y racionalidad existe.
Nuestras creencias solo nos ayudan a sobrevivir
debido a nuestro impulso de sobrevivir y reproducirnos, pero un número de estas podrían ser completamente falsas.
Los seres humanos tienen valores / dignidad y derechos intrínsecos.
Dios es el Ser supremamente valioso.
Los seres humanos fueron producidos por procesos sin valor.
Valores morales objetivos existen.
El carácter de Dios es el recurso de bondad | valores morales.
El universo fue producido por procesos amorales.
El universo comenzó a existir un tiempo finito atrás sin materia previa existente, ni energía, espacio o tiempo.
Un Dios poderoso y previamente existente hizo el universo existir sin ningún material preexistente. Aquí, algo emerge desde algo.
El universo entró en existencia de la nada por la nada; o fue, probablemente, causado por si mismo. Aquí algo viene de la nada.
La vida emergió.
Dios es un Ser viviente y activo.
La vida de alguna forma emergió de materia no viviente.
El universo está finamente ajustado para para sostener vida humana (conocido como  el efecto “ricitos de oro”; el universo es simplemente exacto para permitir vida).
Dios es un sabio e inteligente Diseñador.
Todas las constantes cósmicas simplemente resultaron ser las correctas, dado el tiempo suficiente y/o muchos mundos posibles , un mundo finamente ajustado emerge.
La Belleza existe, no solo en paisajes y puestas de sol, sino también en “elegantes” o “hermosas” teorías científicas).
Dios es hermoso (Salmos 27.4) y capaz de crear cosas hermosas según su complacencia.
La belleza en el mundo natural es superabundante y en muchos casos superficial (a menudo no ligada a la sobrevivencia).
Nosotros tendemos a creer que la vida tiene propósito y significado. Para la mayoría, vale la pena vivir.
Dios ha creado/diseñado para nosotros ciertos propósitos (amarlo a Él, a otros, etc.); cuando  vivimos para otros nuestras vidas encuentran significado y riqueza.
No hay propósito cósmico, plan de acción, o meta para la existencia humana.
Males reales (ambos el moral y natural) existen y tienen lugar en el mundo.
La definición del mal asume un plan diseñado (como las cosas debieran ser, pero no son) o un estándar de bondad (corrupción o ausencia de bondad, por el cual juzgamos que algo es malo. Dios es un buen Diseñador; Su existencia suple el contexto moral crucial para entender lo que es la maldad.
Atrocidades, dolor, y sufrimiento solamente ocurren. Es simplemente como las cosas son. No hay ningún plan o estándar de bondad frente al cual las cosas debieran conformarse.

Al comparar contextos, vemos constantemente que el teísmo es el que tiene más sentido, el más razonable, ofreciendo un mejor y más natural explicación que el naturalismo. Además, cuando la gente pregunta “¿Por qué el teísmo? ¿Qué ocurre con las otras religiones?” Podemos sugerir esto: Si un Dios personal existe, entonces esto regiría no solo al naturalismo, sino también el Budismo, Taoísmo, Jainismo, Confucionismo, Sintoísmo, y ciertas otras versiones del hinduismo. Un Creador Personal inmediatamente simplifica las cosas.

¿Es realmente más simple el naturalismo?
Los naturalistas, dirán que el naturalismo es más simple ya que menos entidades existen, es decir, el cosmos físico es todo lo que hay. El teísta cree en en el universo más Dios (sin mencionar todavía “Dios, más criaturas angelicales”). Dios parece innecesario: si el naturalismo explica las cosas ¿para que traer a Dios al escenario? Vamos a ofrecer algunas respuestas.

Primero, siempre que sea posible, debiésemos usar el principio de simplicidad para deshacernos de explicaciones innecesarias. Considera el politeísmo (muchos dioses) versus el monoteísmo (un Dios). Podemos preguntar: ¿Por qué involucrar entidades extra cuando simplemente una será suficiente? Siendo todas las cosas iguales, si un Dios (monoteísmo) es adecuado para la tarea de crear y sostener el universo, ¿por qué considerar múltiples deidades? No hay razón para multiplicar entidades adicionales más allá de lo necesario. Por un principio conocido como “La navaja de Ockham” extra dioses se eliminan simplemente sobre la base explicadoras más simples. Un Dios es más que suficiente.

Segundo, mientras el ateísmo es teóricamente más simple que el monoteísmo, esto es verdadero solamente en un sentido numérico; y esta “más grande simplicidad” resulta ser problemática. Como percibimos de la tabla anterior, eliminar a Dios como una explicación nos deja con muchos enigmas masivos y también con grandes vacíos en nuestro entendimiento. Esta acción simplemente no potencia nuestro poder para explicar. De hecho, remover a Dios de nuestros recursos explicativos reduce nuestro poder explicativo de forma dramática. El naturalismo es simplemente inadecuado para dar cuenta de un número de características diferentes del universo y nuestra existencia humana. El filósofo Cristiano Alvin Plantinga observa correctamente que el teísmo, o más específicamente, la visión Cristiana del mundo, “sugiere respuestas para un amplio rango de historias, su explicación es simplemente como las cosas son”3, hablando de como el universo comenzó, como resultó ser finamente ajustado, como los humanos llegaron a tener dignidad y valor, como la belleza emergió, como la conciencia apareció, y de ahí en adelante.

Experimento de Redi.
En el recipiente cerrado no surgieron larvas.
Tercero, si aplicamos el principio "mientras menos entidades mejor", entonces por qué no mejor decir "¿ninguna de las entidades explicativas son mejores que una?" En 1668, Francesco Redi, un científico italiano, intento demostrar que las larvas no aparecían simplemente de forma espontánea provenientes de carne descompuesta --a pesar de la popularidad de esta creencia. Redi intentó demostrar que las larvas provienen de huevos de moscas. Para probar esta hipótesis el puso una muestra de carne A dentro de un jarrón sellado; y dejó una muestra de carne B expuesta al aire, proveyendo acceso a las moscas. De la forma que sospechaba, la carne protegida no produjo larvas; la carne expuesta sí lo hizo.

Este hecho presenta una interesante pregunta: ¿Por qué no creer en “generación espontánea” ya que involucra menos entidades? Pero, eso sería como asumir que el conejo realmente salió a la existencia proveniente de la nada, apareciendo repentinamente en el sombrero del mago. ¿Por qué pensar que la vida simplemente llego a existir proveniente de materia no viviente? O, incluso mejor, ¿por qué es el universo aquel que proviene de la nada y no otra cosa; como una manada de elefantes? Seguramente, aquello que proviene de la nada es “más simple” (quiere decir que requiere menos entidades) que algo que proviene de algo.

Sorprendentemente, algunos ateos están dispuestos a aceptar que algo puede venir de nada o que incluso el universo se causó a si mismo. Por supuesto, esto no nos debiese sorprender, dadas las implicaciones teístas obvias de la cosmología del Big Bang. Incluso, el filósofo ateo Kai Nielsen percibe correctamente el siguiente escenario “Supón que oyes un fuerte bang… y me preguntas ‘¿qué produjo ese sonido?’ y respondo, ‘nada, simplemente ocurrió.’” Tú no aceptarías eso. De hecho, considerarías mi respuesta bastante incomprensible”4 De acuerdo. De hecho, la ciencia en sí misma --que es el supuesto territorio naturalista-- refuerza la idea que algo no puede salir de la nada. Sí, es numéricamente más simple decir que nada causó algo que una cosa causó algo. Cero entidades son más simples que una entidad. Pero explicar eventos sin razones suficientes --que estos “simplemente ocurrieron”-- es claramente inadecuado. Basados en el ejemplo de Nielsen, sospecho que si el Big Bang no sugiriera fuertemente a un Creador, los científicos naturalistas no serían motivados a sugerir que algo pudiese llegar a existir salido literalmente de la nada. Las probabilidades de que algo provenga de la nada son exactamente cero.

La decadencia metafísica de la idea “algo proveniente de nada” no aplica simplemente al origen del universo. Aplica al emerger de la primera vida, la consciencia, el valor moral, la belleza, la razón, y a un patrón de las demás características. Tiene mejor sentido decir que la vida proviene de la vida, que la conciencia proviene de la conciencia y que los valores morales provienen de un Ser Supremamente valioso.

El filósofo ateo Michael Martin dice que no hay razón para creer que los valores morales objetivos no puedan estar compuestos de materia.5 Aquí hay un gran problema. En vano buscaremos un libro de física que indique “valores morales” como aquellos hechos de propiedades de la materia. Después de todo, en otro lado Martin dice creer que el universo podría emerger de ¡literalmente nada!6 El hecho es: Martin acepta que el valor de algo emerge de procesos sin valor. Esta “simplicidad” no es muy regular o natural. Lo que es regular, sin embargo, es aquello de “el valor proviene del valor, no del sin valor.” Si un Ser Supremamente valioso existe, podríamos inmediatamente explicar la existencia de seres humanos moralmente valiosos. Debemos sinceramente peguntar y perseguir la respuesta a la siguiente pregunta: “¿Si hay algo ‘ahí afuera,’ este ser se ha revelado a si mismo?” Estas son las preguntas que cualquier buscador genuino de la verdad necesita preguntar.

Pensamientos concluyentes
El naturalismo es “mas simple” en el sentido que involucra menos entidades dentro de su sistema. Pero eso no ayuda al dar cuenta del universo, sus características más importantes y los aspectos fundamentales de la experiencia humana. Deshacerse de Dios significa perder importante poder explicativo. Un contexto teísta nos ayuda a dar sentido a muchas características importantes del orden creado. Acudir a creencias tales como que el universo vino de la nada o el universo se causó a sí mismo vuela sobre la faz del mismo “método científico” que los naturalistas firmemente celebran.

El teísmo nos guía a una explicación más clara de las cosas, vertiendo luz en los lugares oscuros. Como dijo C. S. Lewis “Creo en el Cristianismo como creo en que el sol ha salido, no sólo porque lo veo, sino porque a través de él puedo ver todo lo demás.”7

Paul Copan
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Paul Copan es un teólogo cristiano, filósofo analítico, eticista, apologista y escritor. Actualmente es profesor de la Palm Beach Atlantic University y tiene el Pledger Family Endowed Chair of Philosophy and Ethics. Ha escrito, sobre todo, en el ámbito de la filosofía de la ética y es autor de siete libros sobre relativismo etico, la religión y la ciencia, y ha editado once libros en el campo de la filosofía de la religión y la historicidad de Jesucristo. Ha contribuido numerosos artículos en revistas profesionales y libros. Además es el presidente de la Sociedad Filosófica Evangélica.
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Lecturas Complementarias

  • Copan, Paul, and William Lane Craig. 2004. Creation Out of Nothing: A Biblical, Philosophical, and Scientific Explanation. Grand Rapids: Baker Academic.
  • Copan, Paul. 2005. ¿Cómo sabes que no estás equivocado? Respondiendo preguntas que dejan a Cristianos sin respuestas.Grand Rapids: Baker.
  • Copan, Paul. 2007. Loving Wisdom: Christian Philosophy of Religion. St. Louis: Chalice Press.

Notas
  1. David Papineau, Philosophical Naturalism (Oxford: Blackwell, 1993), 1.
  2. Carl Sagan, Cosmos (New York: Random House, 1980), 4.
  3. Alvin Plantinga, “Natural Theology,” en ed. Jaegwon Kim and Ernest Sosa, compañía para la metafísica(Cambridge: Blackwell, 1995), 347.
  4. Kai Nielsen, Reason and Practice (New York: Harper & Row, 1971), 48.
  5. Michael Martin, Atheism, Morality, and Meaning (Amherst, N.Y.: Prometheus Press, 2002), 45. (El mismo Martin, sin embargo, sostiene la visión que los valores morales emergen de la materia (supervivencia) pero no están constituidos de materia).
  6. Michael Martin, Atheism: A Philosophical Justification (Philadelphia: Temple University Press, 1990), 106.
  7. “Is Theology Poetry?” en El Peso de la Gloria. 140
Fuente: Enrichment journal
Traducido por 
Daniela Valenzuela